LOS HOMBRES DE MAÍZ

hombres de maíz

 Hace mucho tiempo, cuando el mundo aún estaba en su infancia, el dios Quetzalcóatl descendió a la Tierra con la misión de crear a los seres humanos. Observó la vasta extensión de la naturaleza y decidió que debía hacer algo especial para dar vida a sus creaciones.

Quetzalcóatl se adentró en las profundidades de la selva, donde descubrió una planta sagrada conocida como el maíz. Quedó maravillado por su belleza y sus cualidades únicas. Cada tallo de maíz parecía estirarse hacia el cielo, como si estuviera ansioso por alcanzar la divinidad. Las hojas brillaban con un verde vibrante, y sus mazorcas, llenas de granos dorados, parecían tesoros ocultos.

El dios tomó una mazorca de maíz y la sostuvo en sus manos, admirando su forma perfecta. Sabía que esta planta tenía un poder especial, que contenía la esencia misma de la vida. Con cuidado, desprendió los granos dorados uno a uno y los colocó en una vasija de barro.

Quetzalcóatl luego mezcló los granos de maíz con su propia sangre divina y sopló su aliento sagrado en la mezcla. Mientras lo hacía, recitó palabras místicas y poderosas, invocando el espíritu de la vida en cada grano. La mezcla se convirtió en una masa sagrada, llena de energía vital.

A continuación, Quetzalcóatl moldeó la masa en pequeñas figuras humanas, cuidadosamente detalladas. Utilizó su habilidad y destreza divinas para darles forma, creando hombres y mujeres con cuerpos proporcionados y rostros hermosos. Los colocó en el suelo y pronunció palabras de bendición, infundiendo vida en cada uno de ellos.

De repente, las figuras de masa de maíz cobraron vida. Los hombres y mujeres creados por Quetzalcóatl se despertaron y se miraron a sí mismos con asombro. Estaban agradecidos al dios que los había dado la vida y la oportunidad de existir en este mundo.

Quetzalcóatl les enseñó a los hombres y mujeres recién creados los secretos del maíz, su cultivo y su importancia. Les mostró cómo sembrar las semillas en la tierra fértil, cómo cuidarlas y cómo cosechar los frutos dorados que sustentarían su vida. Les enseñó a moler el maíz para hacer harina y a cocinarlo para crear alimentos nutritivos.

Así, gracias al maíz y a la intervención divina de Quetzalcóatl, los hombres encontraron el sustento y la base de su civilización. El maíz se convirtió en el alimento sagrado que les permitió sobrevivir y prosperar, y Quetzalcóatl se convirtió en su protector y benefactor.

Desde entonces, el maíz ha sido considerado un regalo sagrado y una manifestación del espíritu divino de Quetzalcóatl. En la cultura mesoamericana, se le rinde homenaje al maíz como símbolo de abundancia, sustento y vida.

Guillermo Rizo

Editor de Mitósfera de México

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