EN BUSCA DEL GUARDIÁN DEL TIEMPO Y SU SECRETO

 

Guardian del tiempo


En los confines de un pequeño pueblo, resguardado por majestuosas montañas y envuelto en un aura de misticismo, pervivía una leyenda que susurra sobre la presencia de una criatura insólita que hallaba su morada en lo más profundo del frondoso bosque circundante. Los lugareños, imbuidos de respeto y temor reverencial, se referían a ella como "El Guardián del Tiempo". Afirmaban con fervor que esta enigmática entidad poseía un poder sobrenatural, un poder único, capaz de trascender los límites temporales, permitiéndole vislumbrar tanto el pasado como el futuro de aquellos audaces aventureros que se atrevieran a emprender su búsqueda y lograran localizarla.

 

Entre los moradores de esta tranquila localidad, se destacaba una joven intrépida llamada Itza, que en maya quiere decir hechicera de agua, cuya alma inquieta y ávida de conocimiento se sintió inmediatamente atraída por el velo de misterio que se tejía en torno al Guardián del Tiempo. Sin titubear, como quien responde a un llamado ancestral, determinó emprender una travesía para desentrañar los enigmas y desvelar el secreto de esta criatura enigmática. Con meticulosa previsión, la joven preparó su mochila, atiborrándola de provisiones y viandas, y se adentró en el umbrío bosque, desafiando la opulencia de sus sombras.

 

Los días se tornaron semanas, y las semanas, implacables, se dilataron en un tiempo inmutable mientras la denodada Itza proseguía su incansable peregrinación. Afrontó peligros arcanos y desafíos enigmáticos, mas su resolución no hizo más que fortalecer su iniciativa. Por fin, después de sortear un sinfín de obstáculos, vislumbró un claro iluminado por la diáfana luz solar en el corazón mismo del bosque. En el epicentro de aquel espacio inmaculado, emergía de las sombras una figura etérea, cuya magnificencia y enigma sobrecogían a los sentidos.

 

Era el Guardián del Tiempo, una criatura majestuosa y enigmática, cuyo cuerpo parecía fusionarse con la esencia misma del universo temporal. El fulgor de sus ojos, centelleante y penetrante, emanaba una sabiduría ancestral que parecía fundirse con el infinito.

 

"¿Quién eres tú, joven viajera, y qué te ha conducido a este recóndito paraje?" preguntó el Guardián con una voz serena, que reverberaba con el eco de los tiempos ancestrales.

 

"Soy Itza, y he acudido en busca de respuestas", respondió la joven con humildad, asombrada ante la inmensidad que se manifestaba ante ella. "He oído que tú, ilustre criatura, posees el prodigioso poder de vislumbrar los hilos del pasado y del porvenir. ¿Es verídico este atributo?"

 

El Guardián, como respuesta, esbozó una sonrisa impregnada de benevolencia y discernimiento. "En efecto, joven viajera, mi esencia está entrelazada con la trama misma del tiempo. Percibo los recuerdos como un caudaloso río y los futuros como un horizonte repleto de innumerables posibilidades. Sin embargo, has de comprender que el conocimiento del porvenir no siempre se configura como un don inestimable. La incertidumbre que nos envuelve da sentido a nuestra existencia y alimenta el soplo vital que nos anima".

 

El sabio mensaje del Guardián reverberó en lo más profundo del ser de Itza, quien paulatinamente se hizo consciente de la veracidad contenida en aquellas palabras. Comprendió que el tesoro más preciado del tiempo no consistía en anticipar los acontecimientos venideros, sino en apreciar y valorar el presente, en extraer sabiduría de las lecciones impresas en el pasado.

 

"Ahora entiendo", musitó Itza con sincera humildad, como quien ha hallado una nueva epifanía. "Entonces, permíteme inquirir sobre el misterio que resguarda tu ser. ¿Cuál es la auténtica verdad que subyace bajo el manto de tu insondable poder?"

 

El Guardián se acercó con serenidad, depositando una mano afable sobre el hombro de la joven viajera. "El secreto que aguardas desvelar, noble buscadora del conocimiento, radica en la comprensión de que cada uno de nosotros es el guardián de su propio tiempo. Cada acción y elección trazan nuestra senda en el pasado y construyen nuestro porvenir. El auténtico poder reside en vivir con sabiduría, amor y compasión en el presente, porque es en este instante fugaz donde nuestro ser adquiere una plenitud trascendental".

 

Las palabras del Guardián reverberaron en el alma de Itza como notas sutiles de un antiguo canto sagrado. En aquel encuentro íntimo con la criatura enigmática, halló el significado profundo de la temporalidad y comprendió que cada decisión y acto cotidiano daban forma a su destino.

 

Con el transcurso del tiempo, Itza retornó a su humilde hogar en el pequeño pueblo, llevando consigo la elocuencia del sabio Guardián. Compartió con los aldeanos su experiencia y sabiduría, transmitiendo la esencia de su encuentro con el misterio del tiempo. Así, la leyenda del Guardián del Tiempo se difundió y perpetuó a través de las generaciones, recordando a los habitantes del lugar que el tiempo es un tesoro efímero y preciado, digno de ser apreciado y aprovechado en cada latido de la existencia. En los corazones de aquellos aldeanos, reverberó por siempre la certeza de que en el enigma del tiempo yace la esencia misma de la vida y la incalculable magnitud de los senderos que construimos en el eterno instante del presente. 


Guillermo Rizo 

Editor de Mitósfera de México


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